martes, 9 de abril de 2013

¿Hay un problema de base en la escuela?


- Antes de partir, debo resolver algo – dijo El Principito a la serpiente – Viajaré con esta caja que me ha regalado un amigo aviador y no sé si es demasiado grande para mi planeta … ¡Allí es todo tan pequeño! Quizá tú, que resuelves todos los enigmas, puedas ayudarme.

La serpiente miró fijamente el dibujo del Principito.

Dibujo de Antoine de Saint-Exupéry


- Yo soy sólo una serpiente. Creo que lo que preguntas tiene que ver con un problema matemático. Deberías visitar una escuela, si sigues en línea recta hacia el sol muy pronto encontrarás una. En un par de días puedes regresar para nuestra cita.

Así fue cómo el Principito emprendió una última excursión hacia una escuela. Cuando llegó allí encontró un edificio extraño, con altas verjas. ¿Habría dentro algo peligroso o algún precioso tesoro?, se preguntó.

Antes de llamar al timbre, se dio cuenta de que la puerta estaba abierta. Decidió entrar y, ya en el frío edificio, vio un largo pasillo con otras muchas puertas. El Principito llamó a la primera de las puertas y decidió entrar. Encontró a algunos chicos y chicas más altos que él, de unos 13 o 14 años, sentados y escribiendo en sus cuadernos. Delante de ellos, un hombre con barba gris escribía de pie en la pizarra.

- Buenos días – dijo el profesor, volviéndose hacia la puerta.
- ¿Cómo puedo saber si esta caja es demasiado grande? – preguntó El Principito.
- Caramba, ¡un nuevo alumno! ¡Y no tiene respeto! ¡Ni siquiera da los buenos días!– dijo el profesor. Y el Principito recordó al rey del asteroide 325, para quien todos los habitantes del Universo eran súbditos.
- ¿Cómo puedo saber si esta caja es demasiado grande? – insistió El Principito, que era incapaz de retirar una pregunta una vez formulada.
- Bueno … - respondió azorado el profesor mientras escribía en la pizarra – El volumen de un prisma es el área de la base por la altura. A ver – dijo levantando la voz - ¿quién sabe resolverlo? ¿Nadie? ¿¿Nadie??

Los alumnos miraban perplejos la pizarra sin tener muy claro qué decir. Un gran silencio incómodo inundaba la sala.

- ¡Pedrito! – interrumpió por fin el profesor con un gran grito – Ve a la sala de profesores y que vengan un momento los profesores de primaria e infantil que estén de guardia.

Poco después, Pedrito regresó con dos señores algo más jóvenes. Al Principito le parecían mucho menos serios, más sonrientes. Incluso los niños cambiaron un poco su rostro de miedo y parecían más tranquilos.

- Mirad, un nuevo alumno – dijo el profesor de barba gris señalando al Principito – Y tiene una pregunta. ¡Repítela, niño!
- ¿Cómo puedo saber si esta caja es demasiado grande? – preguntó tímidamente mostrando su dibujo.

Los dos nuevos profesores se miraron ... y miraron también a sus alumnos.

- ¿No lo veis  – dijo enfadado el de la barba gris – Vuestros alumnos no han aprendido nada en Primaria ni  en Infantil. Es un problema de base. ¡No les enseñáis nada! Son unos inútiles y vosotros también. 
- Eso debe ser culpa de que en infantil se pasan el día echándose la siesta – dijo uno de los otros dos profesores – Luego se dedican a hacer lo mismo en Primaria.
- ¡La culpa es de las familias! – gritó el tercer profesor – No le dan importancia a lo que nosotros les enseñamos. Así es imposible.
- ¡Luego vendrán los de Pisa y hablarán mal de nosotros! - se escuchó una voz tras la barba gris.

El Principito se sintió defraudado y decidió abandonar sigilosamente la clase y salir del colegio. Desde fuera aún se escuchaban los gritos de los tres profesores regañando ahora a sus alumnos por su falta de conocimientos. 

Al salir por la puerta se encontró a otro niño, poco mayor que los otros que acababa de ver, cargando una caja de manzanas.
- ¿Qué haces? ¿Tú no estás en la escuela como los otros? – preguntó el Principito.
- No, cargo fruta para la tienda de mi padre – respondió con una sonrisa el niño - Me echaron porque faltaba mucho a clase y, cuando iba, hablaba y preguntaba demasiado. No hay nada allí que no puedas aprender aquí fuera – dijo el niño apoyando la caja sobre un banco por un momento.
- ¿Y tú me puedes ayudar a saber si esta caja y mi cordero son demasiado grandes? En el colegio me dijeron que era un problema de base, pero francamente no entendí nada. Hablan un lenguaje muy raro ahí dentro.
- Claro que te ayudo, sé mucho de cajas – dijo el niño riendo – Ahora mismo lo vemos juntos. Además, no es un problema de base, sino de altura: la escuela no siempre está a la altura de nuestras preguntas. Por cierto, ¿quieres una manzana? También puedo darte una para tu cordero.

Y los dos niños se sentaron a charlar mirando la hoja que sostenía el Principito.

Capítulo apócrifo de la obra de Saint-Exupéry 
como homenaje en el 70 aniversario del libro


Viñeta de El Roto
Viñeta de Frato


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