martes, 20 de noviembre de 2012

¿Debemos tirar los libros de texto a la basura?

No: no hablo de la famosa escena de "El club de los poetas muertos" en la que el profesor pide a los alumnos que arranquen páginas inútiles del libro de texto de Literatura. En abril de 2012, asistí a una charla del pedagogo Jordi Adell en la que sugería, entre otras propuestas didácticas, la siguiente, según las notas que tomé ese día:

"¡Tiremos los libros de texto a la basura! Los libros son nuestros enemigos, nos hacen idiotas como profesores y no lo sabemos. Nos desprofesionalizan. Tampoco usemos ordenadores como meros pasapáginas. El conocimiento lo construimos todos" (@jordi_a, 20.04.2012)

No es que al bueno de Jordi se le haya ido la cabeza durante esa ponencia. Ya hablaba sobre el tema, en junio de 2010, en una carta abierta a los editores de libros

Viñeta de KAP en La Vanguardia. Tomada de nicocolau.blogspot.com.es

Guardo con una mezcla de cariño y enfado algunos de los libros de la E.G.B. y de B.U.P.-C.O.U. ¿Debo tirarlos a la basura? En ellos aprendí muchas cosas, pero ocupan un sitio enorme en la casa. Mi primer ordenador lo utilicé cuando ya tenía 17 años, pero gran parte de lo que aprendí en la universidad está también en "formato-papel": libros, fotocopias y apuntes.

En el encuentro E.A.B.E. 2012, en marzo de este año, proponían este irónico documento de trabajo con los efectos colaterales perversos del uso indiscriminado de libros de texto tal y como están concebidos. La lista de daños que podrían acarrear los libros de texto y que deberían ser incluidos en una etiqueta adhesiva, incluye: dolencias de espalda, aburrimiento, contenidos empobrecidos, matan la iniciativa (todo viene hecho), impiden la profesionalidad, no benefician el trabajo en equipo y provocan estrés.




En muchos lugares también se critica la eficacia / eficiencia de los libros de texto como herramienta didáctica. Se habla de su alto precio, de su falta de actualización, de cómo se basan en modelos tradicionales de enseñanza, ... En Twitter, por ejemplo, desde al menos 2010, se ha debatido sobre este tema, por ejemplo con la original etiqueta de almohadilla #librodetesto.

Podemos hablar de una tiranía de los libros de textos: el docente ha olvidado que es él quien manda en los contenidos y objetivos educativos y deja que sea el libro de texto quien elija por él.

Desde mi punto de vista, los libros siguen siendo útiles ... ¡pero para los docentes! (y como elemento de partida, no como producto final elaborado). He conocido a varios profesores españoles trabajando como profesores de español en centros en Reino Unido donde el uso de libros de texto por parte de los alumnos estaba directamente prohibido. Los profesores tenían que crear sus propios materiales, y partían a veces de manuales y actividades planteadas por esos libros de texto, pero las contextualizaban y personalizaban para sus alumnos y alumnas. ¿Y el resultado? No sólo los estudiantes se sentían más cómodos con las actividades; los propios profesores se sentían mejores profesores, verdaderos guías en el proceso de enseñanza-aprendizaje, más creativos, ... Los departamentos didácticos sí eran así comunidades de aprendizaje colaborativo. Sin duda, trabajar así supone un esfuerzo mayor, pero tal vez, como sugiere Jordi Martí (@xarxatic), las administraciones educativas podrían ayudar creando materiales digitales de referencia: "¿No tendría que ser el MEC o, las CC.AA. que tengan transferidas las competencias educativas, quien elaborara un material digital base gratuito (más específico que el propio currículum), que pudiera ser utilizado por todos los docentes y, que les pudiera servir como material de referencia?".

Francamente, no sé si debemos tirar todos los libros de texto. Lo que sí debemos plantearnos, al coger las pesadas mochilas de algunos alumnos, es si es necesaria y qué uso van a dar a la cantidad de papel que incluyen en su interior. Los libros de texto, como los recursos digitales, no son buenos ni malos en sí mismos; somos los educadores quienes los convertimos en buenos o malos dotándolos de sentido. En esa línea escribía un artículo otro pedagogo, Salvador Rodríguez Ojaos, en el que sugiere pasar del simple libro de texto (aprendizaje enciclopédico) al libro de contexto (wikipedia, actualizable, personalizable): "Me imagino más un material híbrido que combine lo digital con el papel: lo digital para conectar y compartir, para trabajar colaborativamente; el papel para el trabajo más personal e interior."

Y tú, ¿qué opinas? Deja un comentario en este blog, ¡no gastarás papel!

2 comentarios:

  1. Hombre, tampoco hace falta tirarlos, pero si como dices usarlos bien.

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  2. Las editoriales se enfadarían bastante. Tienen un buen negocio montado.

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