domingo, 7 de junio de 2015

¿Podemos evitar la caída de elefantes con telarañas? Prevención educativa

Imagen Fuente: @Rosabel_RR
Creo que se basa en este tuit
Lejos de querer relativizar o frivolizar en esta entrada, quiero comenzar dando el pésame a la familia, amigos, compañeros y profesores de Arancha, la joven de 16 años que se suicidó el viernes 22 de Mayo en Usera, un barrio del sur de Madrid capital. Hace dos años, escribí una entrada sobre el caso de Mónica de 16 años, otra joven que se suicidó cuando ya no pudo soportar más el acoso que recibía por parte de compañeros y compañeras.

Conozco a través de personas cercanas el centro en el que estudiaba Arancha y he trabajado muy cerca de él. Desde hace un tiempo protestaban por el hacinamiento y falta de recursos (¡No cabemos!, decían). Tampoco era un centro que se mantuviese pasivo ante las dificultades. Hace apenas unas semanas me invitaron a una conferencia de Federico Mayor Zaragoza en ese centro sobre la educación en el siglo XXI.

Como en la clásica fábula india de "Los ciegos y el elefante", cada persona ha analizado el problema dando su propia visión de la realidad. Algunos sindicatos hablaron de la necesidad de más leyes sobre convivencia en centros; en la misma línea, una asociación contra el acoso defendía un endurecimiento de las leyes para que los acosadores no queden impunes. Las asociaciones vecinales pidieron que no se estigmatice el barrio. La principal asociación de profesores insiste en la necesidad de recursos suficientes y coordinación para erradicar la lacra del acoso escolar. La Asociación de directores de institutos y la Federación de asociaciones de padres y madres criticaron especialmente los recortes en recursos de los últimos años. Las Asociaciones de orientadores educativos culparon a la falta de orientadores en los centros (en el instituto de Arancha, sólo había una orientadora para más de mil alumnos). Asociaciones de familiares de personas con discapacidad destacan la necesidad de mayor prevención en casos de mayor vulnerabilidad potencial como el de Arancha, que tenía discapacidad motórica y retraso madurativo. En los medios se ha hablado mucho y ayer pudimos ver el último episodio televisado en el que no participó ninguna persona que trabaje en un centro educativo, sólo tertulianos y "opinadores genéricos profesionales".

Obviando a quienes buscan "chivos expiatorios" sin más (como el director, los profesores, el inspector, la Consejería de Educación, ...) lo que más ha resonado en los medios es la dificultad de prevenir con recursos materiales y humanos escasos.

He trabajado como orientador en varios centros educativos y sí detecto entre profesorado y alumnos una mayor concienciación y preocupación por el acoso escolar. Sin embargo, estar concienciados no es suficiente si esa implicación no se traduce en prevención y acción.

Estoy de acuerdo en que es necesario aumentar el número de orientadores en los centros. La alta ratio de alumnos por orientador hace difícil abarcar todas las necesidades que surgen en el día a día. Sentimos muchas veces que nuestro Departamento de Orientación es una débil tela de araña sobre la que se balancean la mayor parte de los "elefantes" o grandes problemas del centro. Lejos de querer autoproclamarnos superhéroes, los profesionales de la orientación debemos reconocer que no tenemos la varita mágica para evitar un suicidio en un caso de acoso; de hecho, en la Comunidad de Madrid, oficialmente sólo contamos con un insuficiente protocolo de buenas intenciones que debemos complementar con otros recursos contextualizados y, sobre todo, con la implicación de todos. De poco sirven excusas ni decir a posteriori aquello de "se veía venir". El acoso escolar requiere de una prevención e intervención bien planificada e implementada por toda la comunidad educativa. Me quedo con las sensatas citas de los blogs de dos orientadores madrileños.
"Hemos de decir alto y claro que la convivencia es responsabilidad de todos. Desde todas las estructuras educativas, tutores, equipos docentes, asociaciones de padres, de alumnos que liderados por el Equipo Directivo del Centro, deberían estar claros programas y medios que facilitan una adecuada convivencia y cuando ésta se rompe por cualquier motivo, los procedimientos y protocolos a seguir. No estaría demás,  procurar tener siempre activos observatorios de convivencia desde el alumnado (delegados, alumnos ayuda),  la tutoría, el profesorado,  las familias, el personal no docente, agentes tutores y demás, de manera que esta permanente vigilancia anticipe y resuelva gran parte de los conflictos que se producen en los centros y que,  por otra parte, son necesarios si queremos que nuestros jóvenes crezcan y maduren como personas. Todo conflicto es siempre una oportunidad de aprendizaje." (Juan A. Frías, 26-5-2015
"Hay que establecer planes de conveniencia en los centros basados en la ayuda entre iguales y la resolución dialogada de conflictos; hay que propiciar la formación docente en convivencia; hay que dotar de recursos a los departamentos de orientación como denuncia COPOE y, finalmente, tiene que existir un compromiso inequívoco en los claustros para hacer de los centros lugares seguros y amables." (Víctor Cuevas, 26-5-2015)
Y tú, ¿cómo crees que podemos evitar la caída de elefantes con telarañas? Puedes dejar un comentario.






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